Padre LUIS MARIA CASTILLO


Luis María Castillo nació el 24 de mayo de 1878 y hubiera debido llamarse "del Castillo" pues ése era el apellido de su papá, don Jerónimo del Castillo; pero la humildad vicentina llevó a su hijo a quitarse el "del" que indicaba su alcurnia castellana, delatada hasta en sus ojos azules. Luis María se fue a estudiar en la Apostólica de Santa Rosa en 1895 y será el primer fruto sacerdotal de esa Alma Mater. Pasó a Cali donde entró al Seminario Interno el 7 de diciembre de 1898 e hizo los votos, según costumbre, dos años después.

En ese año 1900 Colombia estaba en plena guerra de los mil días; ése fue uno de los motivos para que el "Hermano Castillo" junto con Martín Amaya y José Trullo fueran enviados en agosto de 1901 a continuar su formación en Francia, concretamente en Dax. Eso era no se sabe si una fortuna, un premio o una oportunidad, pasar años de formación en las Landas, cerca de Ranquines y poder ir a Lourdes. La ordenación sacerdotal se llevó a cabo el 22 de junio de 1905 en Dax; primera misa en la iglesia donde había sido bautizado Vicente de Paúl. Y se fue a celebrar la otra misa de primicias en su Cartago natal, esta vez en la iglesia de su propio bautismo, el 15 de septiembre de ese 1905.
Los destinos apostólicos del Padre Luis María Castillo fueron: la apostólica de Santa Rosa y las misiones populares en Valle, Huila y Boyacá; se conservan algunos de sus cuadernos con relatos algo esquemáticos de sus misiones.

Pero la parte del león se la llevó la Prefectura Apostólica de Arauca, especialmente Tame donde permaneció 25 años dando ejemplo de lo que siempre lo caracterizó, las cinco virtudes vicentinas. Hasta que los superiores pensaron que, a sus 76 años ya era oportuno llevarlo al clima más benigno de Santa Rosa; además era conveniente que los jóvenes de Apostólica recibiéran los ejemplos del "santo Padre Castillo". Pero Dios no lo quiso así y en el viaje hacia su nuevo destino, estando en Soatá, el 18 de agosto de 1954, se murió este hombre de Dios. En Soatá y Boavita muchos se acercaron a tocar con crucifijos, medallas y camándulas el cuerpo yerto de "ese padrecito tan santo". Los funerales y el sepelio se llevaron a cabo en Bogotá.

Ciertas expresiones como las recogidas en el aludido folleto indican muy bien la percepción que del Padre Castillo pudieron hacerse los afortunados que lo conocieron. "Inocente, amable, santo. Todo bondad, todo dulzura, todo cultura" (P. José Naranjo). "Todo en él respiraba santidad" (Hna. Belisa, O.P., Soatá). "El Padre Castillo es el hombre más santo de cuantos he encontrado en mi camino" (P. Martiniano Trujillo). "Todo el mundo en Arauca decía que el Padre Castillo era un santo; y no decían mentira. Si ése no era santo, ¿entonces quién?" (Sor Josefa Zapata, H.d.l.C). "... pero ninguno como el P. Castillo; ¡huy! Eso sí era un santo" (Teresa de J. Cermeño, Arauca).

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