JOSE NARANJO ECHEVERRY

Nació en Santa Rosa de Cabal en 1894.
Ordenación sacerdotal en 1921.
Profesor de los Seminarios de Popayán y Tunja. Profeso del Seminario Mayor Vicentino.
RECTORIA    1950  - 1951
Ultimo Rector Vicentino.
Literato, poeta, historiador.    Desde joven se dedicó: cultivo de las letras, en las que sobresalió con más.
Sacerdote íntegro de pulcritud proverbial.    Pasó su en los Seminarios y en la investigación.
Nonagenario vive en Cali, y a él le debemos los datos: hemos podido transcribir para Uds.

ALFONSO MARIA TAMAYO:

Rector de 1962 a 1963. Nació en Aranzazu (Caldas) el 17 de octubre de 1922. Terminados en la Apostólica los estudios humanísticos, entró en la Congregación el 23 de agosto de 1942. Ungido sacerdote en Popayán por su pariente, excelentísimo Diego María Gómez Tamayo, amenté con Francisco Vargas c. m. el 13 de febrero de 1949.

Inteligente y estudioso, preparado para cátedras de mayor. Aficionado a las disciplinas sicológicas. Competente director espiritual. Fue rector de los seminarios de Garzón y de Ibagué.

En este último, desde la primera mitad de 1960, la salud del padre Tamayo se resintió notablemente. Las clases, principalmente las del mayor, sumadas a las preocupaciones de su cargo, lo cansaron sobre manera. Así que, no hubo sino prescindir de las unas y de las otras. Y se fue para Tierradentro, en donde discurrió hasta julio de 1961.

Por ese tiempo ya pudo desempeñar en la Apostólica los oficios de asistente y de director espiritual, y asignaturas de latín y filosofía.

El 10 de enero de 1962, al partir para Cali el padre Cecilio Arboleda, Tamayo asumió la dirección de la Apostólica, para la cual, con fecha 2 de ese mismo mes el General le había expedido la patente de superior. Cargo del que irónicamente lo posesionó el propio Visitador el 8 de marzo en el acto de abrir la visita de la Comunidad.

Muy celoso el padre Tamayo por la formación espiritual y vicentina de los apostólicos. De palabra fácil y oportuna.

Mas no bien se emprendían los cursos de 1963 cuando el padre se volvió sentir cansado. De hecho la responsabilidad de la Apostólica siguió pesando sobre las espaldas del asistente, padre Abel Nieto. De Garzón, para director espiritual y para tomar algunas clases, vino a la Apostólica el padre Alberga Rubio. Y Tamayo se trasladó a la Capital a ponerse en manos de un especialista.

Padre Nicasio Buitrago

Nació el 12 de mayo de 1897 en Santa Rosa de Cabal. Nieto de don Emigdio Buitrago, que fue uno de los fundadores de dicha población. Su padre, del mismo nombre, a quien todo mundo le decía don Nicasito, casó dos veces. Del primer matrimonio fue el padre José Ramón Buitrago Duran, muchos años vicario general del ilustrísimo Gregorio Nacianceno Hoyos, primer obispo de Manizales. Del segundo, con señora Orozco, vino a ser nuestro cohermano, como también Francisco, menor, asimismo sacerdote, largo tiempo párroco de Chinchiná (antes San Francisco), el cual acabó en Manizales. También, entre otros hermanos, tuvo una que entró a la comunidad de las vicentinas. Como se ve, árbol robusto el de los Buitragos, que dio no pocos retoños a la Iglesia. Primos de Nicasio, hijos de don Justo Pastor, tres sacerdotes vicentinos: uno, como su padre, Justo Pastor Buitrago, catedrático de ciencias eclesiásticas, dueño de refinado gusto que se manifestaba en los primores de la caligrafía, y Roberto y Carlos, más tres hermanas vicentinas, de las que sobrevive Sor Julia. Igualmente para el altar dos sobrinos del mismo apellido. 

Recién fundada la Apostólica, su primer rector, padre Juan Floro Bret, conoció al jovencito Nicasio al lado de su padre, a quien ayudaba en su taller de carpintero. Y observándolo listo, de prendas apreciables, le propuso entrara en su establecimiento. Vencidas algunas dificultades, principalmente pecuniarias, la llamada del Señor tuvo respuesta favorable.

El comportamiento del apostólico le mereció pronto la consagración como hijo de María. Ello fue el 19 de marzo de 1897.

En 1900, juntamente con su condiscípulo Pedro Alejandrino Puyo, vistió sotana, y partió para el Seminario Interno de nuestra Congregación en Cali. El 19 de marzo de 1902, con los votos, se consagró definitivamente a Dios.

Como por fines de 1901 se habían encaminado a Dax (Francia) los estudiantes Martín Amaya, Luis María Castillo y José Trullo, quedaron solos en calidad de escolásticos Nicasio y Puyo. Cosa que influyó en aquél: se cansó de la cabeza, y aunque tan calmado y dueño de sí, se le excitaron los nervios. Lo que agravado por otras causas, empeoró su situación. Y no pudo reponerse sino al cabo de unos años.
No concluidos sus estudios, en 1907 el personal de estudiantes y novicios se trasladó a la Apostólica de Santa Rosa.

8 de noviembre de 1908. En Ibagué, de manos del ilustrísimo Ismael Per domo, con otros dos vicentinos, su primo ya nombrado y Víctor Cabal, recibe la unción sacerdotal. Y con Justo Pastor prosigue para el seminario de Tunja, destino que la Obediencia les señala.
El natural jovial, efusivo y festivo de Nicasio, lo mismo que sus habilidades de pintor, escultor y otras, al punto le gran¬jean la estimación y cariño mayormente de los alumnos.

Declinando el 1913 pasó a la casa de Cali. Y con el padre vicentino Víctor Delsart misiona en varias poblaciones del Valle Su celo apostólico y la corrección y elegancia digna y sencilla de sus sermones le ganan los oyentes. Sépase que Nicasio nunca predicó, y predicó mucho, sin haber escrito y pulido y aprendido su discurso. Con ocasión de un solemne Triduo en Po-payán, subían al pulpito distintos oradores sagrados, escogidos. Pues uno fue Nicasio, y se llevó la palma, en decir del Maestro Guillermo Valencia.

Tras de misionar un año en la diócesis de Cali, Nicasio fue colocado en el seminario de Popayán. En 1918 se le envió a Inzá (Tierradentro). Desde entonces allí y en Nátaga se desenvolvió su ministerio apostólico hasta que en 1953 pasó a Cartago. Solamente un año volvió a enseñar, y fue en el mayor de Garzón, primera vez que la comunidad regentó el susodicho seminario (1920-1924): igualmente salió de esos lugares en 1928 para evangelizar con Juan de la Cruz Puyo en el sur del Cauca, y en 29 tornó a Belalcázar; en 38 le tocó en la Apostólica de Santa Rosa, y vuelta a su querencia; y entonces Nátaga volvió a saborear la rica miel. De allí no se despidió basta 1953 para Cartago. En 1947 le tocó solo con Marco Tulio Botero. En 48 llegó otro compañero, Juan Félix Londoño, constituido superior.

Retrocediendo, plácenos verlo cuando era obrero de la viña de Belalcázar utilizando sus disposiciones para la pintura» en el decorado de la Iglesia. Habiendo descubierto en Tierradentro una mina de yeso, fabricó estatuas, sobre todo de la Milagrosa, cuya devoción procuró inculcar. A su taller acudían niños y jovencitos a quienes gustosamente iniciaba. Con una serie de cuadros murales, que llevaba a las misiones y caseríos de los indios, lograba grabar mejor las verdades de la doctrina.

Igual en Nátaga. De cuando en cuando sale a los pueblos del Huila, muy solicitado para las predicaciones de fiestas; recorre con sus cuadros los parajes, tal como en Tierradentro; en el propio Nátaga da retiros, hace catecismos a los escolares, fabrica estatuas, pinta cuadros, dora "medallas, etc.
En sus floridas soñadoras mocedades anheló verbigracia extasiarse ante las maravillas de la mar y las inmensidades oceánicas. Su hermano, el Vicario General, gozosamente puso en sus manos dineros suficientes para viajar a la Ciudad Eterna. Posible que se haya alongado hasta los Santos Lugares. Al tornar, enriquecido con todo lo que observó como él sabía penetrar los portentos de la creación y del arte, su péñola ágil, vestida de gracia, hermana de la poesía, trazó sus remembranzas y nos deleitó con estupendas narraciones y loas. Después, cuantos soles ha pervivido cómo sonríe a la esperanza, que casi ha dado por cumplida, que otro ser de su cepa convertiría en libro primoroso el engendro acariciado. Allá, al traspasar los umbrales eternales, exclamará en la exultación que no hay sino la contemplación del Hacedor.

GUILLERMO KERREMANS

Este eximio y benemérito misionero vino a Colombia por los años de 1921, en compañía de su íntimo amigo el luxemburgués Matías Job, a los pocos meses de haber recibido la ordenación sacerdotal. Juntos, en efecto habían ingresado a la Escuela Apostólica de Wernhoustburg (Holanda); juntos fueron recibidos en el Noviciado en 1912; juntos hicieron sus estudios superiores en Panningen; y juntos se ordenaron en 1921, con el propósito de consagrarse a las misiones del lejano oriente, como ya se lo habían notificado los altos mandos de París.

Pero los designios de Dios fueron otros, y el rumbo de la nave viró hacia las tierras de América, y más concretamente a Colombia en donde prestaron invaluables servicios, y en donde se les estimó en lo que valían y se les quiso con intenso cariño.

El P. Williem Kerremans Van der Krab-ben, como reza el registro de su nacimiento inscrito en la ilustre ciudad de Breda, nació el 15 de enero de 1893 en el seno de un noble hogar formado por D. Federico Kerremans y la señora Catalina Isabel Van der Krabben. Desde niño dio muestras muy notorias de vocación misionera: inteligencia precoz, temperamento reflexivo y serio, una hermosa voz, y una salud envidiable, junto con una exquisita piedad. Sus años de Apostólica en Wernhoustburg lo acreditaron como el mejor alumno, y no menos su noviciado y sus estudios en la casa de formación de Panningen. A nosotros nos tocó en buena hora disfrutar de las primicias de su sacerdocio, y tenerlo en nuestra Provincia por varios lustros hasta su muerte acaecida en Bogotá el 2 noviembre de 1968.

La trayectoria de su vida fue sin altibajos, en todo momento luminosa y cautivante, ya como simple profesor, ora como superior en varios períodos, ya como misionante en las tierras del Huila.
Destinado en 1921 al Seminario de Ibagué, llamó allí poderosamente la atención por su brillante inteligencia, por su asombrosa memoria, y por su sorprendente facilidad para las matemáticas y la música. Como catedrático del Mayor descolló por su dominio absoluto de los Tratados de Dogma, de Derecho y de Moral. Se cuenta de él que recién llegado a Ibagué en 1921, a pocos meses de su ordenación, los escrúpulos innatos del Obispo Ismael Perdomo desconfiaron de la preparación del "nuevo profesorcillo holandés", y se le sometió naturalmente a un "examen sinodal para facultades", en forma intempestiva; llamado un buen día de improviso mientras hacía la vigilancia de los alumnos en recreo, sereno, sin inmutarse, tomó su sombrero y se encaminó a la Curia para rendir "su examen sinodal".

Ya podemos suponernos el resultado ante ese "tribunal" de los Suárez Saavedras, los Rodríguez y los Chinchillas!
Item más, con relación a su afición al canto y a la música, recuerdan algunos que con edificante humildad se matriculó en clase de solfeo, con tal provecho que al fin del curso estuvo en condiciones de reemplazar al profesor y, aún más, de preparar las partituras para una misa polifónica a grande orquesta. Desde entonces el Seminario, en este lapso, se acreditó sobre manera por sus "Veladas Líricas", hasta el punto de atraer la admiración de los mismos profesores del famoso Conservatorio de la "Ciudad Musical de Colombia".

Después de cinco años en el profesorado de Ibagué, los superiores con gran acierto, y como intuyendo aquellos grandes anhelos de apostolado "ad gentes" a que antes hicimos alusión, le pusieron en las manos el camino de las misiones campesinas y le señalaron como lote de trabajo las ardientes comarcas del Huila en la zona del Magdalena. Las parroquias de la Diócesis de Garzón evocan todavía con dejos de nostalgia aquellos tiempos maravillosos en que estos dos titanes del vicentinismo genuino y tradicional Guillermo Kerremans y Alberto Souza se hicieron sentir por su piedad y su liana e incisiva predicación en las veredas tórridas de Neiva, Campoalegre, El Hobo y Yaguará. Sin embargo, con gran pesar de su alma y perdido su dilecto amigo el portugués Souza, nuestro misionero tuvo que dar de mano a su abundosa mies opita y plegarse nuevamente al estricto y disciplinado trajín de los Seminarios con el mismo entusiasmo juvenil de 1921.

Al autor de estas líneas le cupo en suerte trabajar con él hombro a hombro a lo largo de varios años en tres Seminarios: dos veces en Garzón (1943 y 1953), una ocasión en Ibagué (1958), y otra en San Gil (1960). Cuánto aprendió de este egregio mentor de la difícil pedagogía seminarística, imposible concebirlo, menos expresarlo.

Fuerte y suave a las veces; bondadoso y exigente; nunca perdió los estribos, pero jamás claudicó. Como hombre de comunidad, fue varón de una inteligente y acendrada piedad; supo ser un subdito amoroso y abierto, y por eso llegó a ser un superior modelo. Bogotá que lo recibió en los albores de su sacerdocio en 1921, lo vio llegar de Ibagué en el doloroso ocaso de su vida en 1968, y guarda en urna de cariñoso recuerdo sus restos mortales, y el corazón de todos los misioneros de la Provincia conserva su grata memoria como la más valiosa herencia y el libro más denso de enseñanzas vicentinas. Paz a su tumba y cariño sin mengua a su remembranza indeclinable.

De los vicentinos extranjeros cuyo recuerdo ha de sernos gratísimo. Notable por su inteligencia dotada de muy fino criterio y honda visión práctica. Notable por su decidida y lograda vocación de misionero. Notable por su entrega total a la Comunidad en nuestra patria. Notable por su profundo afecto a esta tierra que hizo suya y en la que vivió su vida de sacerdote: 48 de los 76 no cumplidos al acabar su peregrinación el 2 de Noviembre de 1968. Una vez tan solo volvió a la bella, culta y próspera Holanda, donde fue su cuna; y ello porque se lo brindó la Providencia eligiéndolo diputado a la Asamblea General de 1955.

Nació el 15 de Enero de 1893 en la ciudad episcopal de Breda. Humanidades y ciencias en la Escuela Apostólica de Werntsburg. Fuese entonces, fuese en los estudios superiores, cobró cierto desamor a las ciencias naturales, y se entregó con todo su ser a la sagrada teología y sus ramas diversas: al saber propio del hombre de Dios.

El 18 de Septiembre de 1912 ingresó en el Seminario Interno en Panningen. Donde asimismo debió de pronunciar los santos votos y perfeccionó los estudios sacerdotales. En todo lo cual, como en la ordenación, 18 de Julio de 1920, tuvo de compañero al padre Matías Juan Job. Con quien, recién ungidos, tocaron playas colombianas en Barranquilla; y, subiendo el Magdalena, y por tren desde Girardot, escalaron la altiplanicie de Bogotá.

Primera colocación: en el Seminario de Ibagué. Al que, rodando los días, retornará como superior una y otra vez.
Asimismo de Garzón rector en dos ocasione:.. Primero en 1943, procedente de Santa Rosa, cuando la Comunidad volvía a la dirección del establecimiento al cabo de diez y nueve años de receso. Circunstancia que del superior de mandaba suma prudencia y tino. Y segundo, en 1953, año que el padre iba de Bogotá con la delicada misión de resolver dificultades y sosegar espíritus. Redunda declarar que una y otra vez el padre Kerremans se desempeñó airosamente. Tanto más que él había gastado los once años más floridos de su vida sacerdotal (1926-1937) en misiones por el Huila, perteneciendo a la casa de Nátaga, primeramente como cohermano, y luego como superior. Ministerios en que se había ganado la estimación y confianza plena del prelado y del clero, y el cariño entrañado de las cristiandades que evangelizaba. Trabajador incansable, misionero sencillo, que se hacía todo a todos, amoldándose a carácter y costumbres hasta llegar a ser, por voluntad y afecto, como cualquiera de los nativos.

Y aquí viene de perlas referir la amistad con la familia Rivera de Neiva. Amistad trabada con ocasión del ministerio con algún miembro de la familia. Amistad noble y digna, tan fielmente sostenida años y años. Amistad que tantos favores y servicios prodigó generosamente a la familia vicentina.

Otra casa cuyo superior en dos lapsos fue el padre Kerremans: la de Bogotá, la que presidió con firmeza y cariño, con eficacia intelectual y espiritual. Casa en que también como cohermano había desplegado sus actividades: profesor eximio, capellán de Las Mercedes tiempos que no se vislumbraba la parroquia y del asilo que denominamos Gorgonzola.

Imponderable servicio a la provincia prestó el padre Kerremans cuando en 1939, cabalmente trasladándose de Bogotá, fue a Santa Rosa con la misión trascendental de hacer de nuestra Apostólica verdadero semillero de vicentinos. Labor que cuatro años se dilató, y que, cuantos la observamos, podemos testificar qué fructuosa vino a ser.
Catedrático y profesor, principalmente de ciencias eclesiásticas, sobre manera práctico: como pocos se amoldaba a la capacidad de todo alumno.
Criterio recto y seguro. Como que intuía, ver-bigracia, quién tenía verdadera vocación... quién debía desistir...
Consejero admirable. Su juicio era siempre la expresión de la realidad... de lo que se debía hacer... de la manera como se debía hacer... de lo que se debía evitar...
Sin que mucho se trasluciera, muy virtuoso, de mucha vida interior.
A nadie contristó jamás. De todos muy querido.
Ejemplar sobresaliente de vicentino el que se ha ido a la familia del cielo.

Padre DAVID ORTIZ

Lo podemos considerar como el primer vicentino colombiano. En efecto el primer colombiano que entró en la Congregación fue Victoriano Rosero, nacido en Pasto e ingresado en el Seminario Interno (¿en París?) en 1876 y que, ordenado sacerdote, estuvo en Costa Rica y después en Popayán. Pero Rosero se retiró en 1898; diríamos que pierde así los derechos de primogenitura.

David Ortiz nació en Roldanillo (Valle) el 15 de noviembre de 1857. Hizo sus estudios humanísticos con los lazaristas en Popayán, pero cuando los Padres fueron desterrados David Ortiz hizo lo que es digno de un héroe: junto con su mamá allegó los fondos económicos necesarios y a los 19 años, en 1876, se fue a París a hacer el Seminario Interno: ahí se lo registra como ingresado el 20 de agosto de 1877; ese era su talante. El 3 de junio de 1882 fue ordenado sacerdote en Francia y regresó a la Provincia quedándose un año en Panamá hasta que recibió la indicación de regresar a Colombia a donde llegó el 14 de marzo de 1883.

Fue destinado al seminario menor de Popayán. Le correspondió preparar para la primera comunión a personajes como Guillerrmo Valencia, Alfredo Vásquez Cobo y Manuel Antonio Arboleda; por ello entendemos que el Maestro Valencia le dirigiera palabras de elogio en su discurso de 1921 y que lo invitara a su hacienda de Coconuco. De 1884 a 1904 David Ortiz ejerció su ministerio de vicentino en Ecuador, Santa Rosa de Cabal y Cali hasta que le llegó el destino que mejor lo identifica en su trayectoria misionera.

Fue el año 1905, cuando fue asignado a Tierradentro; allí permaneció 24 años en diferentes poblaciones. Trató de aprender la lengua de los paeces; siguiendo el programa de San Pablo llevó allí una vida de mucha austeridad: trabajaba físicamente; comía de lo que hubiera y dormía sobre el suelo; dicen que nunca se le oyeron quejas de que algo le faltara. Y es que por fortuna disfrutaba de excelente salud.

Un día de marzo de 1929 estaba trabajando con los indios y les increpaba su flojera en el trabajo; les dijo que vieran cómo a sus 72 años él tenía energías. Ese día comió un pescado que lo intoxicó y al siguiente, 3 de marzo, murió de la que fue la primera y única enfermedad de su vida... Ese fue David Ortiz, nuestro pionero.

Hermano PEDRO MARIA DUPORT

Lo mencionamos aquí, no solo por haber sido el pionero de nuestros Hermanos llamados Coadjutores, sino porque en su fugaz peregrinación por la tierra colombiana dejó lecciones duraderas. El Hermano Duport nació en Santa Catalina, de Francia, en 1866. A sus dieciocho años ingresó en el Seminario Interno de París. Hechos los votos, en 1886, fue inmediatamente enviado a la casa de Cali; como se ve, tenía apenas 20 años; la intención era clara: se trataba de plantar en Colombia una buena semilla de Hermanos.

El Padre Bret quien lo conoció bien, escribe que era ejemplar en la virtud y en la piedad; los cohermanos, los alumnos y hasta la gente de afuera se dieron cuenta de que estaban en presencia de un joven santo. "Iba a la casa de campo (Yanaconas) y regresaba siempre a pie, y generalmente cargando un pesado fardo... Se le destinó a la cocina: malo el fogón, primitivos los utensilios. Así y todo no profirió queja, jamás se impacientó, jamás perdió el buen humor... El Padre Superior, para que aprendiese prácticamente el español, le había permitido hablar un cuarto de hora con los alumnos en el recreo de la tarde; los niños profesores, como era natural, se desternillaban de risa oyéndolo maltratar horriblemente la lengua de Cervantes; en lugar de correrse y disgustarse, el humilde hermano les hacía coro y se reía de sus gazapos... Concluido su oficio, en vez de ponerse a descansar, trabajaba en el jardín o barría la casa"

Pensaron llevarlo a Popayán donde estaba aún el seminario interno, pero menos de un año después de su llegada a Colombia se contagió de tifoidea que en pocos días acabó de preparar lo que ya se veía maduro para el cielo. En el delirio de la fiebre se puso a entonar en francés el canto que también conocemos en castellano: "Al cielo yo iré - purísima María -¡oh dulce madre mía! - allá yo te veré". Solo terminar la primera estrofa y así, cantándole a María, se murió nuestro primer Hermano. Era el 27 de junio de 1887 y no tenía sino 21 años. Ante tal vida y tal muerte, nada raro tuvo que varias personas declararan haber recibido favores encomendándose al Hermanito Duport.

Padre JUAN BAUTISTA MALÉZIEUX

En el seminario de Popayán, nuestra primera casa, los antiguos alumnos inauguraron dos óleos - solo dos - de sus primeros formadores: Gustavo Foing, primer Rector, y Juan Bautista Malézieux. ¿Qué tuvo de especial la figura de este último para merecer tal honor? Esta nota probablemente lo hará adivinar.

El P. Malézieux nació en Nauroy Saint Quintín (Aisne, en Francia), el 20 de mayo de 1845 y entró a la Congregación a los 20 años de edad. Recién ordenado sacerdote fue enviado a Colombia y llegó a Popayán el 2 de octubre de 1871, como quien dice para el segundo año de labores. En enero de 1875 fue enviado a dirigir el seminario de Pasto. Muy bien había comenzado a marchar esta obra cuando la persecución de Contó lo hizo salir desterrado en 1876. Por Guayaquil se dirigió a Costa Rica.

El P. Malézieux regresó a Popayán, pasada la persecución, el 29 de agosto de 1885; allí se radicó como formador ante la no reapertura del seminario de Pasto. Desde 1886 fue prácticamente rector y se distinguió como educador nato y profesor insigne sobre todo en las llamadas humanidades. En 1889 fue enviado como rector al seminario menor de Quito y reemplazó provisionalmente al Visitador del Ecuador. Fue allá donde murió un poco sorpresivamente el 16 de noviembre de 1910, a los 65 años de edad.

El aprecio que de él tuvieron sus discípulos en Popayán explica el busto al que se alude arriba y que fue inaugurado el 6 de abril de 1921 con ocasión de celebrarse los 50 años de nuestra presencia vicentina en Popayán. Ese aprecio se halla regiamente ilustrado en la pluma clásica del maestro Guillermo Valencia, el mismo que también le dedicó un poema; de su discurso que vibró ese día se extraen los siguientes párrafos.

"El hombre cuya imagen decora y ennoblece estos muros, fue sencillamente un grande hombre por la excelsa pluralidad de sus atributos. Cinco afios viví a su lado en íntima comunicación con su alma noble, cristiana y austera, y no voló minuto sin que de ella saliese una sabia enseñanza o un admirable ejemplo. Su larga pericia pedagógica le permitía bucear en nuestras almas diáfanas, sorprender en ellas los dañinos brotes que debían extirparse y los renuevos dignos de paciente cultivo. El apreciaba la franqueza, amaba la sinceridad, glorificaba el carácter entero, humillaba la hipocresía y defendía a los urgidos de su sapiente dirección... Cuando sentía su obra asegurada, confiaba a otros la labor de pulirla; pero la huella de su pulgar plasmante mostraba para siempre su sello inconfundible"...

"Era docto al par que agradable; amaba y cultivaba las humanas letras como el medio más grato de ennoblecer el alma. Gozaba de la buena literatura que él se esforzaba por comunicar a sus discípulos. Cuántos, entre éstos, podríamos decir que por su influjo y diligencia en doctrinarnos, le somos deudores de nuestra vocación literaria"...

"Con ser muy alto en letras, su mayor grandeza radica, a nuestro ver, en la robustez de su espíritu... Buscaba, como el cura de Ars, el reinado de las maravillas por las sendas humildes de la sencillez cristiana a cuyo extremo se abre el mundo del milagro.... Y como paradigma de su vida religiosa, se compenetró con el espíritu del extrahumano fundador de la Congregación de la Misión, San Vicente de Paúl. Gustaba como éste de laborar entre dificultades, de edificar para la eternidad con materiales de apariencia opaca".

PADRE JOSE AUGUSTO BIROT

Hay que situarlo aquí muy al principio pese a su escaso tiempo de permanencia en Colombia, por ser el pionero de nuestras misiones populares. Nació en Carcassonne, de Francia, en 1829. A los 30 años de edad ingresó en la Congregación. En 1873 fue destinado a Guayaquil y en 1875 a Popayán; su destino a esta casa era con la finalidad de ocuparse específicamente de las misiones populares.

Todo un misionero fue el Padre Birot; de esos que entusiasman por su celo y hacen llorar por su predicación y ejemplo. Se dedicó a predicar en poblaciones cercanas a Popayán: Silvia, Totoró, Paniquitá, Jámbalo, Coconuco: como se ve sectores en buena parte indígenas. Su sistema consistía en a) repetir: con paciencia insistía mucho en los misterios de la fe; b) para hacer grabar mejor las verdades se servía de cantos; c) hacía erigir viacrucis entre poblaciones como entre Totoró y Paniquitá. Muy asiduo a la confesión, los indígenas hacían fila días enteros para ser atendidos por él.

Tal sería el impacto que causó en su ministerio que, muchos años después, cuenta un misionero que en las confesiones en Silvia, al preguntar al penitente "¿Y Ud. no ha robado?, ¿ No ha peleado?, ¿ no ha sido infiel a la esposa..?", recibía invariablemente la respuesta: "No; misión prohibió"; "misión prohibió" había sido el paso del P. Birot.

Desterrado por César Contó tuvo que salir en 1876. Se fue para Argentina. Murió en Guatemala el 31 de diciembre de 1910.

Padre ALFONSO MARIA NAVIA



Navia fue un palmirano de pura cepa, nacido el 16 de mayo de 1887, parque de por medio, al frente de la Iglesia de Ntra. Señora del Rosario del Palmar. Estudió humanidades en la acreditada Apostólica de Santa Rosa de Cabal y el 10 de Agosto de 1903 ingresó al noviciado vicentino de Cali. Allí mismo comenzó los estudios de seminario mayor que se fue a terminar en Santa Rosa; el 2 de julio de 1911 fue ordenado presbítero en Manizales.

Dos años como profesor en Santa Rosa para pasar en 1913 al Seminario de Tunja donde ejerció el ministerio como profesor eximio hasta que una embolia lo arrebató estando en Palmira el 11 de junio de 1941, para consternación de quienes lo conocían, sobre todo en la fría capital del Zaque.

El Padre Alfonso María Navia fue admirado sobre todo como un científico. Escribió "La pronunciación clásica del latín, que le valió ser contado como miembro de la Academia de la Lengua de Colombia; único vicentino en haber merecido ese honor. Inició la publicación de la revista Fides Latina. Estudió las aguas termales de Paipa y sus estudios hicieron sembrar en la laguna de Tota la trucha Arco Iris. Montó la primera radio en Tunja y advirtió a los alumnos que ese invento tenía un porvenir para el apostolado; así nació después Radio Sutatenza.

Navia escribía para revistas europeas; como autodidacto universal había aprendido varios idiomas y era consultado por físicos y químicos de Colombia. Se pueden contar otras maravillas de esa ciencia que lo hizo conocer como "el sabio Navia", que jamás salió del país ni estuvo en universidad alguna.

Pero fue también hombre de virtud: humilde, sencillo, santo; todo un hijo de Vicente de Paúl. 1900, sin dejar de suspirar por Colombia. A un colombiano que pasaba por París le expresó su nostalgia: "dígale al Padre Visitador que si me hace regresar, yo le puedo ser útil todavía aun cuando sea para cuidar estudios en el Seminario".

Se consagró hijo de María el 2 de febrero de 1901 juntamente con Jorge Garcés. El 10 de agosto de 1903 ingresó en el Seminario Interno con Ramón María Ocampo. El 2 de julio de 1911, en Manizales, se ordenó sacerdote. Dos años en la Apostólica ilustró las cátedras de letras y de ciencias. Desde 1913 hasta su muerte (en Palmira, 11 de junio de 1941) perteneció a la casa de Tunja.

Padre LUIS MARIA CASTILLO


Luis María Castillo nació el 24 de mayo de 1878 y hubiera debido llamarse "del Castillo" pues ése era el apellido de su papá, don Jerónimo del Castillo; pero la humildad vicentina llevó a su hijo a quitarse el "del" que indicaba su alcurnia castellana, delatada hasta en sus ojos azules. Luis María se fue a estudiar en la Apostólica de Santa Rosa en 1895 y será el primer fruto sacerdotal de esa Alma Mater. Pasó a Cali donde entró al Seminario Interno el 7 de diciembre de 1898 e hizo los votos, según costumbre, dos años después.

En ese año 1900 Colombia estaba en plena guerra de los mil días; ése fue uno de los motivos para que el "Hermano Castillo" junto con Martín Amaya y José Trullo fueran enviados en agosto de 1901 a continuar su formación en Francia, concretamente en Dax. Eso era no se sabe si una fortuna, un premio o una oportunidad, pasar años de formación en las Landas, cerca de Ranquines y poder ir a Lourdes. La ordenación sacerdotal se llevó a cabo el 22 de junio de 1905 en Dax; primera misa en la iglesia donde había sido bautizado Vicente de Paúl. Y se fue a celebrar la otra misa de primicias en su Cartago natal, esta vez en la iglesia de su propio bautismo, el 15 de septiembre de ese 1905.
Los destinos apostólicos del Padre Luis María Castillo fueron: la apostólica de Santa Rosa y las misiones populares en Valle, Huila y Boyacá; se conservan algunos de sus cuadernos con relatos algo esquemáticos de sus misiones.

Pero la parte del león se la llevó la Prefectura Apostólica de Arauca, especialmente Tame donde permaneció 25 años dando ejemplo de lo que siempre lo caracterizó, las cinco virtudes vicentinas. Hasta que los superiores pensaron que, a sus 76 años ya era oportuno llevarlo al clima más benigno de Santa Rosa; además era conveniente que los jóvenes de Apostólica recibiéran los ejemplos del "santo Padre Castillo". Pero Dios no lo quiso así y en el viaje hacia su nuevo destino, estando en Soatá, el 18 de agosto de 1954, se murió este hombre de Dios. En Soatá y Boavita muchos se acercaron a tocar con crucifijos, medallas y camándulas el cuerpo yerto de "ese padrecito tan santo". Los funerales y el sepelio se llevaron a cabo en Bogotá.

Ciertas expresiones como las recogidas en el aludido folleto indican muy bien la percepción que del Padre Castillo pudieron hacerse los afortunados que lo conocieron. "Inocente, amable, santo. Todo bondad, todo dulzura, todo cultura" (P. José Naranjo). "Todo en él respiraba santidad" (Hna. Belisa, O.P., Soatá). "El Padre Castillo es el hombre más santo de cuantos he encontrado en mi camino" (P. Martiniano Trujillo). "Todo el mundo en Arauca decía que el Padre Castillo era un santo; y no decían mentira. Si ése no era santo, ¿entonces quién?" (Sor Josefa Zapata, H.d.l.C). "... pero ninguno como el P. Castillo; ¡huy! Eso sí era un santo" (Teresa de J. Cermeño, Arauca).

ALMA VICENTINA


Carlos Albeiro Velásquez Bravo, cm
Archivo Provincial


Bajo el título de “Alma Vicentina. Semblanza del misionero David González Rengifo, cm”, el licenciado Guillermo Rengifo Zúñiga, natural de Andalucía (Valle), acaba de publicar una obra 102 páginas, en la que nos ofrece un acercamiento a la vida y obra del P. David González.  Oportuna producción en este contexto jubilar de la Provincia.  

El autor, coterráneo y familiar del P. David, elabora una semblanza que él mismo llama “una parábola vital”.  Después de la introducción se suceden cinco breves capítulos: Su vocación vicentina, Con los paeces en Tierradentro, Transitando por los caminos de la historia, Valoración del historiador y de sus planteamientos sociopolíticos, Director de las Hijas de la Caridad y superior de la comunidad de Cali.  A lo largo de estos capítulos no solo emerge aquella figura todavía recordada de este hijo de San Vicente, sino que podemos acercarnos un poco a la historia de Tierradentro, a donde llegó en 1922 y donde ‘siempre estuvo su corazón de misionero’.  

Vale la pena aprovechar esta coyuntura para recordar fugazmente algunos datos de este misionero.   Nació en San Vicente, Valle (la Andalucía de hoy), el 24 de mayo de 1883.  Terminados sus estudios primarios en su tierra natal, ingresó en la Escuela Apostólica, a donde llegó motivado el despertar vocacional que en él promovieron  los lazaristas Juan Floro Bret, Raimundo Peña y Marcos Puyo, que en 1893 habían misionado el norte del otrora Cauca Grande que abarcaba también el Valle del Cauca.   

Todo el itinerario formativo lo hizo acompañado de otros ejemplares misioneros: Martiniano Trujillo y Rafael Domínguez. “Trío que quizás no se repite” como lo dijo el P. José Naranjo.  Los tres fueron ordenados el mismo día, un 26 de junio de 1910, en Manizales.  

Recién ordenado fue enviado de asiento a Nátaga, desde donde misionó en las poblaciones del Huila y del Tolima.  En 1915 se le envió al Seminario de Ibagué como profesor y dos años más tarde a la Apostólica, en donde permaneció hasta 1922 en que se le destinó a Tierradentro.  Este va a ser un campo misionero que lo marcó de por vida y que lo ha hecho hasta hoy inolvidable.  Su estadía en las montañas paeces superó las tres décadas.  Suficiente este dato para corroborar su amplio conocimiento de la realidad y situación del territorio misionero, que lo llevó a redactar con castigado estilo la Historia de Tierradentro, que en sucesivas ediciones publicó la revista Sembrador.  

En junio de 1954 lo sorprende el nombramiento de Director de las Hijas de la Cariad, en Cali y superior de la comunidad local, allí mismo.  Como superior de la casa de Cali se desempeñó hasta 1968 y como Director de las Hermanas estuvo en dos periodos: de 1954 a 1957 en toda Colombia, y al dividirse la Provincia, de 1957 a 1963 le fue encomendada la Dirección de las Hermanas de la recién creada Provincia de Cali. A los 91 años de edad, en Cali, el 23 de agosto de 1974,  pasó a la Misión del Cielo.

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El Centenario de la Provincia Vicentina de Colombia

a la luz de su historia y del contexto actual: realidad y perspectivas
Gabriel Naranjo Salazar, CM







Introducción


Sugiero el verbo “contextualizar” para resumir la reflexión que les voy a proponer: contextualizar a la Provincia en su historia y el centenario provincial en los tiempos actuales. Lo que han compartido Ustedes estos días sobre los fundadores y las obras principales, y más concretamente sobre la teología de la historia, los ha acercado a un concepto dinámico de la misma, es decir, no simplemente cronológico ni anecdótico, sino involucrante y significativo. Quisiera, pues, que nos ubicáramos en esta perspectiva para evitar una celebración del Centenario que deje a la Provincia en un invernadero, en una urna de cristal, y que nos reduzcamos a recordar con cuidado hechos del pasado, en una especie de arqueología. Intentemos dinamizarla contextualizándola en algunos hechos importantes de los últimos años; me voy a referir a seis, resbalándome de uno al otro porque están íntimamente relacionados.

Seguramente, al mismo tiempo, han ido detectando elementos de la identidad provincial que nos deben servir de presupuesto y de marco. Compartámoslos ahora de manera espontánea: la fidelidad al carisma por medio de los dos frentes apostólicos, de misiones y de formación de clero; el testimonio de los primeros misioneros, su fidelidad creativa, su intrepidez y riesgo, su capacidad para dejarse llevar por la Providencia; el equilibrio para combinar su identidad vicentina con la Iglesia colombiana y para enfrentarse a los avatares de la historia; el aprecio de que ha gozado por parte de la gente, los pobres, los obispos, el clero y la sociedad en general; la apertura misionera con fundaciones en regiones apartadas y pobres, las misiones populares de las épocas en que les eran propias, y con el envío de misioneros a otras Provincias y a lugares lejanos como el África; el apoyo a las relaciones interprovinciales a través de CLAPVI; la tradición y el espíritu litúrgicos, manifestados en la preparación de no pocos de sus miembros, en la vitalidad de sus parroquias, en la formación de los sacerdotes y en el esplendor de sus celebraciones; la vivencia de las virtudes vicentinas propias, sobre todo de la humildad y la sencillez (aunque con razón se haya dicho que el exceso de modestia le ha impedido hacer historia); la asimilación del Concilio Vaticano II (alguien llegó a decir que no había conocido una institución eclesial que mejor lo hubiera asimilado); el  sentido de la pobreza y del pobre; el sentido del trabajo y el celo misionero; el sentido del laico al ritmo de lo que ha ido sucediendo en la Iglesia posconciliar y las estrechas y fraternales relaciones con las Hijas de la Caridad; el buen espíritu y el ambiente de fraternidad; la abundancia y la autoctonía vocacionales, gracias al origen francés; su rica tradición formativa ad intra en las casas de formación y ad extra en los seminarios diocesanos; la especialización de la gran mayoría de los misioneros; la tradición de los planeamientos en las casas de formación, los seminarios, las misiones, las comunidades locales y las obras; la devoción mariana, a los Fundadores y a los santos de la Congregación y la Familia Vicentina…

En fin, abundan nuestras caracterizaciones provinciales. Lo que quiere decir que la Provincia “no ha corrido en vano”, que su historia centenaria la ha ido definiendo, que su identidad específica se confunde con su historia y que tenemos mucho que aprender de ella y recibirlo no solo como don sino también como tarea. Yo destacaría como elementos centrales y de mucha actualidad la inculturación del carisma en el contexto colombiano y la fidelidad a los orígenes, tanto de la Congregación como de la llegada del carisma a través de los cohermanos venidos de Francia, porque hoy por hoy la supervivencia de las Comunidades depende enormemente de ese doble cordón umbilical: el que las liga a los signos de los tiempos y el que las liga a sus raíces. Esta doble “fundacionalidad”, unida a las consecuentes exigencias formativas, es lo que garantiza que nuestras instituciones permanezcan vivas en función del Reino de Dios.

De esta manera vamos entrando en la dinámica celebrativa que sugería al inicio. Su punto de partida es la toma de conciencia de la herencia que nuestros antecesores nos han ido amasando, para que pasemos a contextuarla en los espacios y tiempos que ahora nos toca vivir. Y para esto, por otra parte, es muy útil tener en cuenta que son muchas las lecturas que hoy se están haciendo de los  puntos de referencia para los análisis históricos y teológicos de las instancias eclesiales. Hasta hace poco el punto de partida era casi que exclusivamente el concepto eclesiológico; hoy, sin negar el sentido de Iglesia para procesos formativos, para análisis coyunturales, para planes pastorales, se insiste en el contexto sociocultural. Así pasamos al primero de los seis contextos que les quería proponer, destacando, primero, su alcance; segundo, la presencia histórica de la Provincia en cada uno de ellos; y, tercero, el llamado que implica para la vivencia de este Centenario.

SALMO VICENTINO

Fenelón Castillo Arce, CM

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión

¡Oh Dios¡ nuestros oídos lo escucharon:
Gozosos lo contaron nuestros padres;
Obras que hiciste en sus tiempos remotos,
En los días antiguos, con tu mano.

Lo que hemos oído y que sabemos,
Cuanto narraron ya nuestros mayores,
En nuestros días no lo callaremos
Se catará por mil generaciones.

Elogiaremos a los antepasados,
Su vida insigne, su labor inmensa;
Sus obras, Señor, y su grandeza,
Grandeza, Padre, de su gloria santa.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión:
Bendito Tú, Oh Dios de nuestros padres,
Alabanza a tu nombre por los siglos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión

Fundadores intrépidos, valientes;
Guías del pueblo, consejeros sabios;
Luz de ministros para tu santuario,
Padres del pobre, tus heraldos fieles.

Sacerdotes y Hermanos misioneros
Los llamaste, Señor de nuestra historia,
Con Vicente a tu casa ya se fueron,
Mas vive entre nosotros su memoria.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión
Bendito Tú, Oh Dios de nuestros padres,
Alabanza a tu nombre los siglos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión

Gustavo Foing salió hacia ignota tierra,
Surcó la mar, atravesó los Andes
Y fue el primero en la familia nueva,
Inmensa América y Colombia grande.

Con Augusto Rieux fue luz para el clero,
Y con Birot evangelizó los campos;
Un hombre hostil llevólos al destierro;
Le estorba su voz de pregoneros.

Malézieux cultivó mentes despiertas,
Francisco Stappers templó las voluntades;
Fue Fourçans director de almas selectas,
Rojas médico, obispo, misionero.

De países lejanos se vinieron,
Semilla santa en Boyacá y el Cauca;
En Huila, Caldas y en el fértil Valle
Huella dejó su paso de pioneros.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión,
Bendito Tú, Oh Dios de nuestros padres;
Alabanza a tu nombre por los siglos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión

Primer nativo murió en la brecha,
David Ortíz, valor, ¡cuánta energía¡
Hoyos novicio fuese en Costa Rica:
¡Bendita seas, generación primera!

Pastores fieles hubo en cayado:
Arboleda y Bernardo, labios de oro;
Tulio el hábil, Potier y Larquère amados;
Martínez y Vallejo, constructores.

 ¡Oh sombras grandes de altos mensajeros!
Martín Amaya, historiador, poeta;
David González, voluntad de acero;
Paladines: Cid, Cirilo Villanea.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión,
Bendito Tú, Oh Dios de nuestros padres;
Alabanza a tu nombre por los siglos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión

¡Oh espíritus de santos sin renombre!
Luis María Castillo en bondades lleno,
Bendecido por Dios y por los hombres.
¡Oh Rafael Domínguez, manso y bueno!

¡Oh centellas del Verbo luminoso!
Villegas y Segura los letrados;
Naranjo, historia, estilo castigado;
Caudal Tamayo en vicentinas aguas.

¡Qué sabio fuiste, Alfonso María Navia!
Universal doctor, artista humilde;
Llegó tu nombre hasta ilsas muy lejanas,
Ya bebes ciencia en cuente inextinguible.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión,
Bendito Tú, Oh Dios de nuestros padres;
Alabanza a tu nombre por los siglos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión

 Y mayordomos probos, timoneles:
Cultura Bret y Pron, virtud severa;
Abel conciliador, prudente Reyes:
Los tienes, Dios, sentados a tu mesa.

No se opaca la voz de Martiniano
Que guió la nave por la mar adentro
Como viendo al invisible, mano firme,
Mostró el futuro de esperanza lleno.

Laboriosos, sencillos coadjutores:
Murió Duport a María cantando;
Abdón Quintero, ese leproso santo;
Bolaños carpintero humilde y noble.

Somos linaje, ¡Oh Dios!, De vicentinos;
Que sea bendita siempre su memoria;
Bendito Tú, Señor de nuestra historia,
Por los siglos infinitos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión,
Bendito Tú, Oh Dios de nuestros padres;
Alabanza a tu nombre por los siglos.

¡Oh Dios¡ Tú mereces un himno en Sión







TABLA CRONOLÓGICA HISTORIA VICENTINA COLOMBIA

Tabla Cronológica 1870-2002, Final by carlosalbeirovelasquez on Scribd

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE TIERRADENTRO



Monseñor Jorge García Isaza CM
Vicario Apostólico de Tierradentro



Tabla de Contenido

I   - A manera de Preámbulo
II  - Identificación y Ubicación
            Nombre de Tierradentro.
            Ubicación y Geografía
            Límites
            Hidrografía
                        Ríos y Quebradas
                        Lagunas
                        Reflexión sobre aguas de Tierradentro
III – Habitantes
            Origen de los Paeces
                        Época primitiva
                        Siglos XII, XIII, XIV, XV.
                        Siglo XVI
                        Siglo XVII
                        Siglo XVIII
                        Siglo XIX (Tiempo de la Independencia)
                        Resumen del desplazamiento
IV – Misión Católica en Tierradentro
            Religiosidad de los antiguos Paeces
            Presencia de La Iglesia Católica
                        Época de los Jesuitas
                        Época de los Franciscanos
                        Época de los Diocesanos
                        Época de los Lazaristas (Vicentinos)
            Prefectura Apostólica
            Vicariato Apostólico
            Comunidades religiosas
                        Misioneros Vicentinos
                        Hijas de la Caridad de S. Vicente de Paúl
                        Hermanas  misioneras de la Madre Laura
                        Hermanas de San Juan Evangelista
                        Hnas. Franciscanas de María Auxiliadora
V   - Índole de los Paeces – Reflexión.